Princesa Afrodita

15 de Enero, 2065. Domingo. Shilsole Bay Marina, Muelle Privado 12. 04:21.

En el momento en que Deus decidió que el mundo volviese a ser consciente de su presencia, el velo de invisibilidad se disolvió como humo bajo la lluvia, y de repente, las luces de cortesía del Nephilim encontraron sus siluetas en el muelle.

Arriba, en la cubierta superior, el cambio fue drástico.

Kassandra Petrokova dio un respingo al verles aparecer de la nada al pie de la pasarela. Su cuerpo, entrenado y escultural bajo el body negro, se tensó instantáneamente. Por un segundo, la alegría de ver a Deus sano y salvo iluminó su rostro, pero esa luz se apagó de golpe al ver su brazo rodeando con posesividad la cintura de aquella elfa —posiblemente la más atractiva que había visto—.

Kassandra bajó la pasarela a paso rápido, con la elegancia de una pantera, mientras las otras tres chicas —asomándose por la barandillas del nivel superior— empezaban a cuchichear. Todas iban uniformadas igual: lencería de seda, tacones que resonaban en la cubierta y una actitud de disponibilidad absoluta.

—Señor... —Kassandra llegó al final de la pasarela y se detuvo a dos metros de ellos. Se obligó a mantener la compostura profesional, pero sus ojos azules estában fijos en Sela con una intensidad abrasadora—. El Intelibot no avisó de que traería... compañía.

Kassandra hizo un esfuerzo visible por no mirar el brazo de Deus sobre la cintura de la elfa. El anillo de diamantes que llevaba en su mano izquierda relumbra con el movimiento nervioso de sus dedos. Ella era la capitana, la que había dormido en su cama más veces que ninguna, y ahora se encontraba con una desconocida que no viste el uniforme del servicio, sino que llega como una invitada de honor.

Sela, por su parte, se quedó helada. Miró a Kassandra, luego levantó la vista hacia las otras mujeres que observaban desde arriba con curiosidad y una pizca de envidia. El panorama de cuatro ninfómanas vestidas para el placer esperándo al mago no era algo que esperase.

Sela miró a Deus, buscando una señal, mientras el silencio entre ella y Kassandra se volvía denso y cargado de una electricidad muy humana. 

Consciente de la impresión en Sela, el mago finjió no percibir lo que sucedía. Dio dos rápidos besos en la mejilla a Kassandra, como haría con una amiga cualquiera, y la presentó.

—Kassandra, te presento a mí compañera. Prefiere mantenerse en el anonimato —miró a Sela esperando que entienda— llamémosla Afrodita, Princesa Afrodita, la mas bella de las elfas que he visto nunca. Es muy especial para mí, quiero que sea una más en este viaje.

—Princesa Afrodita —Deus hizo una reverencia teatral, jocosa y sobreinterpretada frente a ella

El gesto de los dos besos en la mejilla cayó sobre Kassandra como un cubo de agua helada. Su cuerpo se volvió rígido, casi de piedra, ante un trato tan casual y distante; para ella, que estába acostumbrada a ser recibida con una intensidad muy distinta, ese saludo de amiga fue un mensaje más claro que cualquier grito.

Kassandra clavó sus ojos en Sela —ahora "Afrodita"— mientras escucha la presentación del mago. El título de "la más bella de las elfas" y la orden de que sea "una más en este viaje" (lo que implica que no es una empleada, sino una igual o superior a ellas) hace que el anillo de diamantes en su mano brille mientras cierra el puño con fuerza.

Sela, por su parte, miraba a Deus con una mezcla de confusión y asombro tras su reverencia teatral. El nombre de "Afrodita" parecía pesarle en los hombros, pero entendía el juego del anonimato. Observó a Kassandra y luego a las otras tres chicas con una timidez que empezaba a transformarse en una curiosidad algo abrumada. No era ciega: veía la lencería, veía la belleza uniforme de las cuatro mujeres y veía la mirada de odio contenido de la capitana.

—Es un placer, Capitana —logró decir Sela, tratando de mantener la compostura mientras se pegaba un poco más al costado de Deus, buscando su calor.

Kassandra tragó saliva, obligándose a recuperar su máscara profesional. Se cuadró ligeramente, haciendo un esfuerzo supremo por no dejar que su voz temblase.

—Entendido, señor. "Princesa Afrodita" —dijo el nombre con una cortesía que cortaba como una cuchilla—. Bienvenida al Nephilim.

Se giró hacia Deus, evitando mirar de nuevo a Sela.

—Todo está listo, señor. Los motores están al 100%, los tanques de agua dulce llenos y el suministro de víveres estibado. El Intelibot ha procesado nuestro plan de navegación hasta Mikonos. No hay impedimentos —hizo una pausa y añadió con un tono ligeramente más bajo—. Su suite está preparada... tal y como le gusta. 

Kassandra abrió paso hacia la pasarela, extendiendo la mano para invitarles a subir, aunque su mirada se desvíó un momento hacia el horizonte oscuro del mar, como si buscara allí la respuesta a por qué todo había cambiado en una sola noche.

Deus hizo un gesto a las chicas de arriba, levantando la diestra con el índice hacia abajo, indicando que esperaba verlas dentro, en el salón. 

En el interior del Nephilim, en el salón, las chicas bajaron, con sus tacones sonando sobre la sintemadera del yate. Sela las vio desfilar en lencería bajando la escalera de caracol. 

Deus se quitó su gabardina Urban Wardrobe dejando ver su puñal de orichalco y la Ares Predator de su sobaquera. Extiendo la gabardina a Kristen para que la recogiese, y dio dos besos a cada una, que los recibieron con obvia extrañeza, sin entender como está mujer causaba este cambio en el mago. 

Kristen recibió la prenda con una delicadeza mecánica. Su rostro era una máscara de profesionalidad forzada mientras observaba cómo el dueño del yate —su dueño— saludaba informalmente a sus compañeras, sus ojos brillando con esa mezcla de adoración y alivio por su regreso. Empero el ambiente en el salón era denso; todas habían captado la tensión que emanaba de Kassandra, y ellas mismas lo sentían ahora. 

Sela —Afrodita ahora— se quedó un paso por detrás de ti. Al ver la actitud sumisa y el vestuario mínimo de las cuatro mujeres, sus ojos verdes se abrieron con una claridad diáfana. Comprendió que el Nephilim no era solo un barco de lujo, sino un ecosistema diseñado para la voluntad de su salvador. 

—Cassie, porfavor, haz las presentaciones. Voy con Mason —Deus dejó a Kristen con su gabardina y se dirigió escaleras arriba, hacia el puente. 

Kassandra dió un paso al frente. Su voz era clara, pero había un filo de hielo en cada sílaba mientras cumplía la orden:

—Os presento,  princesa Afrodita—dijo, volviéndose hacia Sela con una sonrisa que no llegaba a sus ojos azules—. Permítame presentarle a la tripulación —Kassandra señaló con un gesto elegante de su mano a cada una de las mujeres, que mantenían una postura perfecta:

Kristen, que vive en el Nephilim por temporadas, es la asesora económica de Deus, Sonia, que se unió al Nephilim ya hace años, y Wendy, que es un quien se encarga del yate en puerto. Yo suelo estar con Deus en su ático cuando atracamos. —Las chicas devolvieron una sonrisa forzada a la elfa, todavía sin ubicarse.— El capitán Mason gobierna los aspectos náuticos, vive también a bordo, luego le conocerá. 

Mientras los nombres se sucedían, Sela recorrió la filas de cuerpos esculturales en lencería. Su mirada se cruza con la de Kassandra, y por un instante, se produjo un duelo silencioso entre la mujer que lo había tenido todo hasta hoy y la que acababa de aparecer de la nada para ocupar el lugar de honor junto a Deus.

Sela se vuelve hacia ti, su voz es un susurro apenas audible para tus oídos, cargado de una ironía que no esperabas:

Kassandra terminó la presentación y se quedó esperando, firme.

—La tripulación está a su disposición, Princesa Afrodita. ¿Desea ir a sus aposentos para un baño y quitarse esa ropa húmeda? —preguntó Kassandra, clavando su mirada en Sela, esperando ver si la nueva invitada cedía ante su autoridad o si marcaba su propio territorio.
—Supongo que dormirá con Deus.

—Sí 

—A Deus le gusta este look de tacones y lencería, si quiere integrarse en la tripu...

—No, gracias —Interrumpió Sela. Las cinco mujeres eran perfectamente conscientes del duelo que se libraba con las palabras. 



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