El que paga manda

En España, la tortilla de patatas es una religión. Te puede gustar con la patata más frita o más cocida, con más o menos proporción de huevo, más o menos cuajada, pero lo que nadie discute es que no hay ni un solo español que no la haya probado y cada uno tiene su propio concepto de lo que es «la tortilla perfecta».
Su impacto en nuestra cultura es tal que el debate recurrente sobre si debe llevar cebolla o no ha acabado con más de una amistad. Sin embargo, no hay un emoji que represente este tesoro de nuestra gastronomía. Lo más parecido que tenemos es el emoji del taco mejicano 🌮 envuelto en una «tortilla» de maíz —nada que ver con una jugosa tortilla de Betanzos— lo que me llevó a preguntarme ¿qué carallo tendríamos que hacer para crear el emoji de la tortilla de patatas?

Es curioso comprobar hasta qué punto no nos preguntamos cómo funcionan un montón de cosas en Internet. Simplemente, damos por hecho que alguien con criterio y cabeza se ocupa de las mismas de una forma más o menos justa y eficiente, pero ¿realmente es así?

Puede que sí, pero también que, por medio millón de dólares al año, nos podríamos hacer con el control de los emojis y obligar a los diseñadores de Apple o Google a implementar no solo el de la tortilla de patatas sino también el de cualquier cosa. No me digáis que no molaría imaginar a los gurús de la UI en Cupertino rompiéndose la cabeza para averiguar la mejor forma de representar un percebe.

En el caso concreto de los emojis —que no dejan de ser un bloque de caracteres Unicode, como el tibetano o el Suplemento 1 del alfabeto latino, donde se codifica nuestra ñ— el responsable de gestionarlos es el Unicode Consortium, un organismo que tiene la misión de garantizar «que todo el mundo pueda usar su propio idioma en cualquier ordenador o teléfono móvil».

Y a cargo de esa encomiable tarea no encontramos a académicos de la Real Academia Española o de sus homónimas, como la Académie Française o la Gesellschaft für Deutsche Sprache, sino a un grupo muy reducido de personas elegidas a dedo por un puñado de empresas, mayoritariamente estadounidenses.


Para hacerte miembro de pleno derecho del Unicode Consortium, básicamente tienes que pagar 50.000 dólares al año. Eso te da un voto para elegir a los miembros del Consejo que, a su vez, elige a los miembros del Comité Técnico que decide que nuevos emojis pasan a formar parte del estándar y cuáles no. También puedes convertirte en supporter pagando «solo» 20.000 dólares al año, lo que te otorgará medio voto. Algo es algo.

Eso sí, solo los miembros «pura sangre» pueden nominar candidatos para el Consejo, lo que provoca una correlación casi exacta entre unos y otro. Ahora mismo, el consorcio cuenta con nueve miembros de pleno derecho: Adobe, Airbnb, Apple, Google, una consultora de Omán llamada Etco, Meta, Microsoft, Netflix y Salesforce. Los únicos que no cuentan con un representante en el Consejo son Airbnb y —vaya por Dios— la consultora omaní. A cambio, Google tiene un segundo asiento y a Intel —otra empresa estadounidense— le cae el último.

Así que, en teoría, pagando 500.000 dólares al año podríamos hacernos con 10 membresías de pleno derecho y el control del Consejo, para asegurarnos de que la tortilla de patatas tuviera su emoji. En teoría, porque es el mismo Consejo el que aprueba las candidaturas de nuevos socios. Es decir, puede bloquear cualquier iniciativa que cambie el equilibrio de poder dentro del Consorcio. Vaya toalla.

Todo eso no significa que el Unicode Consortium sea una entidad corrupta ni que sus miembros tomen sus decisiones en base a intereses partidistas, sino que no tienen que rendir ninguna cuenta por —por ejemplo— priorizar el emoji de líquido derramándose o cualquier otro antes que el de la tortilla de patatas. El sistema se sustenta únicamente en la buena fe de los que participan en el mismo, pero… who watch the watchmen?

El caso de los emojis no es único ni mucho menos. Muchos de los estándares que gobiernan Internet son regidos por una aristocracia corporativa que suele repetirse en las distintas organizaciones. El W3C, responsable de estándares como el HTML, el CSS o el SVG, está gobernado por un Consejo compuesto por 4 consejeros designados por las instituciones que apoyaron su creación —el MIT, el ERCIM, la Universidad de Keio en Japón y la de Beihang en China— y 7 elegidos por los miembros del consorcio. ¿Qué cómo se hace uno miembro? Pues pagando. Eso sí, tienen el detalle de que el coste de la membresía varía dependiendo del tamaño de tu empresa y la región donde esté. Tienen 410 miembros, asi que, es probable que imponer una etiqueta <tortilla></tortilla> nos costara más que lo del emoji, pero en teoría, también podríamos conseguirlo.

El USB Implementers Forum, el ECMA que controla JavaScript o el HDMI Forum son otros clubs privados que modelan la tecnología que usamos todos los días, pero ¿es esto necesariamente malo? ¿hay mejores opciones?

Una pueda ser la famosa ISO o International Organization for Standardization, una organización supranacional compuesta por las diferentes agencias de normalización de cada país y que se financia con la cuota de las mismas —proporcional al producto interior bruto de la nación a la que representan— y la venta de documentación de estándares para las empresas o particulares interesados en implementarlos.

Esa teórica neutralidad e independencia no sale gratis. El desarrollo de un estándar ISO suele llevar alrededor de 3 años mientras que el Unicode Consortium necesitará solo la mitad para llevar nuestro emoji de la tortilla de patatas a todos los móviles del mundo.

3 años son una eternidad en una industria que evoluciona tan rápido como la informática. Puede ser un ciclo aceptable para tecnologías maduras como C, SQL o UML, pero probablemente sea demasiado largo para otras en plena evolución. Desde 2015, se lanza una versión nueva de ECMAScript cada junio. Java suele lanzar dos actualizaciones al año. ¿Deberíamos ralentizar este proceso convirtiéndolos en estándares ISO? ¿Habría progresado tan rápido la informática sin la adopción de estándares impulsados por entidades privadas?

No tengo ni idea —yo solo quería un emoji de tortilla de patatas—, pero si tengo dos cosas claras es que nunca está de más saber quién y cómo maneja las herramientas con las que nos ganamos el pan; y que, la tortilla, siempre SIN cebolla.


Bonilla goes sincebollista en la bonilista 04/06/2023

Comentarios

  1. "Muchos de los estándares que gobiernan Internet son regidos por una aristocracia corporativa que suele repetirse en las distintas organizaciones."

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