La Aguja Espacial es una torre ubicada en Seattle, y es un símbolo de esa región del país. Fue inaugurada en 1962 en el centro de la ciudad para la Feria Mundial de Seattle de 1962. El proyecto fue idea de Edward E. Carlson e inspirado en la torre de telecomunicaciones de Stuttgart, en Alemania.
Es una estructura de 184 metros de altura, de
estilo Googie, y pesa unas 9550 toneladas, colocando el centro de gravedad de la torre apenas a un metro del nivel del suelo. Para llegar a la cima es necesario tomar un ascensor que tarda tan sólo 43 segundos en subir.
Está construida para soportar vientos de hasta 320 km/h y terremotos de hasta magnitud 9.5 en la escala de magnitud de momento. La torre también cuenta con 25 pararrayos en el techo para evitar daños por relámpagos, y el Skybeam, un cañón de luz que se dispara al cielo en ocasiones especiales.
Se encuentra en la intersección de Broad Street con Five Avenue North, junto a la rotonda de la fuente memorial de Howard S. Wright (constructor de la aguja). Las entradas al mirador cuestan 50¥.
Los visitantes pueden llegar a la cima de la Aguja Espacial a través de ascensores que viajan a 10 mph (16 km / h). El viaje dura 43 segundos, y algunos turistas tienen que esperar en largas colas de una hora para subir a la cima de la torre. En días de viento, los ascensores se desaceleran a una velocidad de 5 millas por hora (8 km / h). Hay dos ascensores públicos con capacidad para 25 personas y un montacargas (8 km/h).
La Aguja Espacial cuenta con una tienda de regalos y el restaurante giratorio SkyCity a 500 pies (152 m), el Skyline Banquet Facility a 100;pies (30 m) y una plataforma de observación exterior a 520 pies (158 m).
Realmente el SkyCity no Gira, si no que únicamente rotan los 14 pies más exteriores, junto a los ventanales, girando 360 grados en exactamente 47 minutos. El SkyCity cuánta con su própio área de suelo transparente sin necesidad de subir al mirador exterior.
Desde la plataforma, reformada en 2051, se puede ver no sólo el centro de Seattle, sino también los Montes Olímpicos y las Montañas de la cordillera de las Cascadas, el Monte Rainier, Monte Baker, Elliott Bay y las islas circundantes.
Subieron del Sky City hacia la plataforma de observación exterior, a 158 metros de altura. Al cruzar la puerta, el viento de Seattle los golpeó con fuerza, cargado de humedad.
El mirador exterior era un prodigio de transparencia y vértigo. Atrás habían quedado las antiguas rejillas metálicas de comienzos de siglo; el perímetro estaba sellado por paneles de vidrio de casi ocho metros de altura, inclinados hacia el vacío 150 grados. Solo en sus extremos —justo en las antípodas de las marcas en los vidrios de no cruzar, a 8 metros de transparencia inclinada— se levantaban verjas antisuicidio que enganchaban verticales con el enrejado del techo, encerrando a los visitantes.
Todo el suelo era igualmente transparente, mostrando las calles allá abajo. A lo largo de la pasarela se distribuían los Skyrisers —bancos de cristal macizo reclinados hacia el exterior, hacia los paneles—, inclinados de tal forma que permitían a quien se sentara reclinarse hacia atrás, quedando sobre el abismo, con nada más que aire y transparencia entre su espalda y el pavimento de las calles, cientos de metros más abajo.
Richard se detuvo frente a uno de los cristales inclinados, dejando que las ráfagas de aire agitaran su traje negro. Desde allí, la vista era sobrecogedora: las luces de neón de los rascacielos, la arcología Renraku, la pirámide de Aztechnology y otra infinidad de luces en una ciudad que no dormía, mientras que hacia el oeste, las aguas oscuras del estrecho de Puget se perdían en la sombra de las montañas Olympic.
Comentarios
Publicar un comentario