De documentación falsa, a persona falsa
La Policía Nacional ha detenido en Murcia a un delincuente que utilizaba inteligencia artificial para modificar su rostro en tiempo real durante las videollamadas de verificación y hacerse pasar por los titulares de DNI falsificados.
El ciberdelincuente no necesitaba parecerse a su víctima. La inteligencia artificial hacía el trabajo por él. Se colocaba frente a la cámara, mostraba un DNI falsificado y, durante la videollamada de verificación, un sistema de deepfake modificaba sus facciones en tiempo real hasta convertir su rostro en el de la persona cuya identidad pretendía usurpar.
El nuevo robo de identidad no consiste en suplantarte: consiste en construirte un nuevo "yo"
Un ciberdelincuente detenido en Murcia utilizó inteligencia artificial para modificar su rostro en tiempo real y hacerse pasar por los titulares de más de 30 DNI falsificados, en un salto del fraude tradicional hacia la creación de identidades digitales completas.
La técnica permitió al sospechoso realizar 38 intentos de suplantación sobre más de 30 identidades reales, con un objetivo especialmente delicado: superar los controles de una empresa encargada de expedir certificados electrónicos y obtener así firmas digitales autorizadas que posteriormente podían utilizarse para cometer nuevas estafas.
El caso, investigado por agentes de la Policía Nacional en Murcia, muestra hasta qué punto la inteligencia artificial está transformando el fraude de identidad. Ya no se trata únicamente de conseguir un documento falso o robar una contraseña. El atacante puede fabricar una identidad completa y presentarla ante una cámara como si fuera una persona real.
La cámara ya no puede considerarse por sí sola una prueba de que una persona es quien dice ser.
Las actuaciones comenzaron después de que la empresa detectara múltiples solicitudes fraudulentas relacionadas con la expedición de certificados electrónicos.
El sospechoso había perfeccionado un procedimiento que combinaba varias capas de engaño. Utilizaba DNI falsificados con fotografías manipuladas digitalmente y, simultáneamente, empleaba una herramienta de deepfake capaz de alterar su rostro durante la videoconferencia de identificación.
Pero el montaje no terminaba en la pantalla. Para reforzar la apariencia de autenticidad de los documentos, recurría a focos domésticos con bombillas de distintos colores, colocados estratégicamente para reproducir los reflejos y destellos que producen las medidas de seguridad de los documentos de identidad cuando se observan bajo determinadas condiciones de luz.
Frente a la cámara, movía los documentos falsificados para simular sus hologramas y otros elementos de seguridad. Al mismo tiempo, utilizaba redes VPN para ocultar el origen de sus conexiones y había construido una compleja infraestructura de anonimización.
El resultado era una especie de “identidad sintética” en directo: un documento falso, un rostro generado por IA y una conexión preparada para dificultar la trazabilidad.
El fallo de un segundo que desmontó la farsa.
La operación terminó fracasando por un detalle tan pequeño como revelador. Durante uno de los procesos de videoidentificación, el programa encargado de modificar sus facciones sufrió un retraso momentáneo. Durante apenas un segundo, la máscara digital desapareció y en la pantalla apareció el rostro real del sospechoso.
Ese instante bastó para que los responsables de seguridad de la entidad detectaran la anomalía y proporcionaran a los investigadores una pista decisiva. Las pesquisas posteriores permitieron identificar y localizar al autor, que fue detenido acusado de un delito continuado de falsedad documental en documento oficial.
Durante el registro se intervinieron un ordenador portátil cifrado con software de alto nivel, numerosos teléfonos móviles, dispositivos de almacenamiento y documentación relacionada con la actividad investigada.
La sofisticación del montaje también quedó reflejada en la infraestructura utilizada por el sospechoso. Las investigaciones sobre los correos electrónicos y los medios de pago permitieron identificar más de 320 líneas telefónicas vinculadas a 24 dispositivos móviles.
La mayoría de esas líneas habrían sido contratadas utilizando identidades suplantadas y adquiridas en distintos puntos de venta de Murcia.
El delincuente no solo estaba intentando convertirse digitalmente en otra persona. También estaba construyendo una red de identidades y comunicaciones falsas alrededor de esa identidad digital.
Cuando una videollamada deja de demostrar quién está al otro lado
El caso de Murcia anticipa uno de los problemas que más preocupa a las fuerzas de seguridad y a las empresas que utilizan sistemas de identificación biométrica: la cámara ya no puede considerarse por sí sola una prueba de que una persona es quien dice ser.
Europol ha advertido de que la inteligencia artificial está permitiendo combinar clonación de voz, deepfakes de vídeo en directo e identidades sintéticas para facilitar nuevas modalidades de fraude, extorsión y robo de identidad. En un informe específico sobre biometría, la agencia europea señala además que los deepfakes pueden utilizarse para intentar eludir mecanismos de autenticación facial.
El problema no es únicamente teórico. En 2025, investigadores vincularon a un grupo norcoreano con campañas en las que utilizaba vídeo y audio generados mediante IA para hacerse pasar por ejecutivos durante llamadas de Zoom y engañar a empleados para que instalaran software malicioso. El objetivo era aprovechar la confianza generada durante una conversación aparentemente normal para acceder a sistemas y provocar pérdidas económicas.
En otro frente, Europol ha documentado cómo las redes de fraude están incorporando deepfakes de personajes públicos, políticos y celebridades para promocionar falsas inversiones y captar víctimas. En una operación internacional contra una red de fraude con criptomonedas, la agencia europea destacó precisamente el papel de anuncios manipulados mediante vídeos generados con IA para atraer potenciales inversores.
La diferencia con el caso de Murcia es especialmente relevante: aquí la IA no se utilizaba para convencer a una víctima mediante un vídeo previamente fabricado, sino para superar un proceso de identificación en directo. Y ese salto cambia las reglas del juego.
Del documento falso al “humano falso”
Durante años, los sistemas de seguridad han tratado de responder a una pregunta sencilla: ¿el documento es auténtico? Después llegó una segunda: ¿la persona que lo presenta coincide con la fotografía? Ahora aparece una tercera, mucho más difícil de responder: ¿la persona que estoy viendo es realmente una persona o una representación generada por una máquina en tiempo real?
La evolución es significativa porque los delincuentes pueden combinar varias técnicas: datos personales robados, documentos falsificados, fotografías manipuladas, clonación facial, clonación de voz, deepfakes y dispositivos o líneas telefónicas contratados con identidades ajenas.
Europol advierte de que esta convergencia tecnológica está haciendo que el robo de datos deje de ser el objetivo final para convertirse en materia prima de nuevas identidades y nuevos fraudes. La organización criminal puede adquirir datos, construir perfiles y utilizarlos posteriormente para suplantar a una persona, abrir cuentas, superar controles o acceder a servicios.
La paradoja es que la misma tecnología que permite reforzar la identificación también puede utilizarse para atacarla. En Murcia, un fallo de apenas un segundo en una máscara digital terminó revelando la verdad. Pero a medida que estas herramientas mejoren, la frontera entre una identidad real y una identidad fabricada por IA será cada vez más difícil de distinguir a simple vista.
Fuente: Escudo Digital



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